Podrán desaparecer personas alegres, pero la alegría permanenerá. Y alegría es sinónimo de Payaso. Este blog es un tributo a las personas tienen corazón de niño, pleno de humor, de risa, de fantasía... A todos los payasos de la Tierra.
lunes, 20 de junio de 2011
sábado, 18 de junio de 2011
viernes, 17 de junio de 2011
UN HOMBRE CON ALMA DE PAYASO, DON CANCHO CANTEROS, MI PADRE
Físicamente ya no está, pero su espíritu estará presente en cada corso, en cada carnaval... Porque su nombre ha sido sinónimo de risa, de jarana, de buen humor, de Los Dandys.
Cuando un payaso haga reír a un niño, una noche de carnaval, vos estarás allí, por siempre... Los Payasos nunca mueren, están en “una avenida de galaxias”.
En memoria de Cándido “Cancho” Canteros, de su hija Dorys (Garabato)
Cuando un payaso haga reír a un niño, una noche de carnaval, vos estarás allí, por siempre... Los Payasos nunca mueren, están en “una avenida de galaxias”.
En memoria de Cándido “Cancho” Canteros, de su hija Dorys (Garabato)
sábado, 11 de junio de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
NOTA DE MONI MUNILLA EN DIARIO "EL LITORAL" (04/06/11)
HISTORIAS DE UN DIA PARA TODA LA VIDA
La payasa “Garabato”
Fecha Publicación: Sábado, 04 de Junio de 2011
Doris Elisa Canteros de Encinas, en la actualidad, en la mesa de sus recuerdos, con viejas fotografías.Allá por la década del ‘80, era costumbre en Corrientes organizar cumpleaños infantiles amenizados por payasos que, vestidos en trajes de llamativos colores, con sonrisa pintada en la cara y gran ternura, se dedicaban a entretener a los niños con sencillos juegos, alegres canciones y películas clásicas de Disney, proyectadas con cámaras súper 8.Por casualidad, Doris Elisa Canteros de Encinas, entró a ese maravilloso mundo como “encantadora” de los chicos, ataviada con un traje naranja, peluca azul y el nombre que, durante dos décadas, la presentaría en cada actuación: “Garabato”.Hija de “Cancho” Canteros, el creador de la comparsa Los Dandys, populo-sa formación que desfilara su alegría en los Carnavales Correntinos, hoy disfrazados de recuerdo en los Corsos Barriales, Doris sonríe al revelar que “jamás se me hubiera ocurrido trabajar de payaso. Soy muy tímida, pero creo que ayudó en su momento, el he-cho de esconder mi identidad tras una capa de pintura por maquillaje, y de usar el recurso de la voz y de los gestos para convencer a los niños”. Cuando su esposo compró el proyector y algunas películas para entretenimiento familiar, los amigos comunes a la pareja solicitaron la función para sus chicos, con el complemento de un payaso. “Yo lo voy a hacer”, dijo Doris decidida y ayudada por una modista para la confección del traje, babuchas, camisa y chaleco con aplique de lentejuelas, con “Pucho” diseñaron la peluca de lana amarilla (luego adoptó el color azul como definitivo), se prendió un botón rojo en la nariz, calzó grandes zapatos en los pies y salió en busca de la aventu-ra frente al grupo de pequeños que, te-merosos algunos y desprejuiciados otros, participaron del show inaugural de “Garabato”.A los 55 años, con cuatro hijos y seis nietos contando sus afectos, Doris re-cuerda aquella etapa como “una de las más importantes en mi vida. Aprendí con los chicos a ser más paciente y tolerante, a conocer mis propios miedos para entender los de ellos, a identificar sus estados de ánimo, en medio de la ronda de frescura que siempre genera un acontecimiento infantil. Papá iba a verme y disfrutaba de la actuación, nunca me dio un consejo, dejó que solita arme el personaje que iba naciendo en cada cumpleaños, con los recursos de mi corazón”.De los nervios y la incertidumbre, con la improvisación jugada y pocos elementos de apoyo (apenas un micrófono y “Pucho” en la consola manejando los discos larga duración y los cassettes), Doris aportó su carisma y convenció a grandes y chicos. “El resultado fue desbordante, me llamaban para cumpleaños y comuniones de niñas, la demanda me obligó a trabajar en doble turno, incluso los siete días de la semana. Buscábamos la manera de innovar, incorporando la clásica coronación de reina y sus princesas, mucho baile con temas de Los Parchís, Xuxa, Flavia Palmiero, juegos de competencia para los varones, cotillón y diversidad en los títulos de las películas”.Por espacio de dos horas, “Garabato” era parte de la alegría del día de festejo. En casas particulares y salones como El Solar (que quedaba por Pellegrini casi San Luis), el Jockey Club y el subsuelo del Hotel Guaraní, montaba su espectáculo unipersonal. “Hasta que mis fuerzas resultaron insuficientes y llegó Tamara (Stancoff, hoy odontóloga) para vestirse con el personaje de Naricita. Otros diez años nos esperaban en la agenda y fue un placer inmenso tenerla a mi lado”, dice con emoción.Los niños de antes, crecieron. La sonrisa de Doris no necesita ya de pinturas para mostrarse en todo su esplendor. El viejo auto que los trasladaba “despacito, pero siempre llegábamos”, es parte de las añejas fotografías. El tiempo pasa, pero las horas felices permanecen al relatar estas anécdotas.“Dejé la actividad porque la competencia era muy grande y los costos también. Ahora me dedico a la peluquería y soy coconductora del programa radial “Las fabulosas décadas”, que se emite los domingos de 10 a 13 por FM Efecto, 92.7”, agrega.“¿Qué me dejó Garabato? Un hermoso recuerdo. Hacer sonreír a un niño es una recompensa. No sé qué tenía, pero si alguno me miraba con recelo desde el regazo de su mamá, seguro que al final de la fiesta estaba entre mis brazos, compartiendo la película de despedida. Yo era una señora que me dedicaba a las tareas de la casa y a criar a mis hijos cuando inventé a Garabato. Quizás ahora Garabato me sigue inventando a mi”.Moni Munilla
La payasa “Garabato”
Fecha Publicación: Sábado, 04 de Junio de 2011
Doris Elisa Canteros de Encinas, en la actualidad, en la mesa de sus recuerdos, con viejas fotografías.Allá por la década del ‘80, era costumbre en Corrientes organizar cumpleaños infantiles amenizados por payasos que, vestidos en trajes de llamativos colores, con sonrisa pintada en la cara y gran ternura, se dedicaban a entretener a los niños con sencillos juegos, alegres canciones y películas clásicas de Disney, proyectadas con cámaras súper 8.Por casualidad, Doris Elisa Canteros de Encinas, entró a ese maravilloso mundo como “encantadora” de los chicos, ataviada con un traje naranja, peluca azul y el nombre que, durante dos décadas, la presentaría en cada actuación: “Garabato”.Hija de “Cancho” Canteros, el creador de la comparsa Los Dandys, populo-sa formación que desfilara su alegría en los Carnavales Correntinos, hoy disfrazados de recuerdo en los Corsos Barriales, Doris sonríe al revelar que “jamás se me hubiera ocurrido trabajar de payaso. Soy muy tímida, pero creo que ayudó en su momento, el he-cho de esconder mi identidad tras una capa de pintura por maquillaje, y de usar el recurso de la voz y de los gestos para convencer a los niños”. Cuando su esposo compró el proyector y algunas películas para entretenimiento familiar, los amigos comunes a la pareja solicitaron la función para sus chicos, con el complemento de un payaso. “Yo lo voy a hacer”, dijo Doris decidida y ayudada por una modista para la confección del traje, babuchas, camisa y chaleco con aplique de lentejuelas, con “Pucho” diseñaron la peluca de lana amarilla (luego adoptó el color azul como definitivo), se prendió un botón rojo en la nariz, calzó grandes zapatos en los pies y salió en busca de la aventu-ra frente al grupo de pequeños que, te-merosos algunos y desprejuiciados otros, participaron del show inaugural de “Garabato”.A los 55 años, con cuatro hijos y seis nietos contando sus afectos, Doris re-cuerda aquella etapa como “una de las más importantes en mi vida. Aprendí con los chicos a ser más paciente y tolerante, a conocer mis propios miedos para entender los de ellos, a identificar sus estados de ánimo, en medio de la ronda de frescura que siempre genera un acontecimiento infantil. Papá iba a verme y disfrutaba de la actuación, nunca me dio un consejo, dejó que solita arme el personaje que iba naciendo en cada cumpleaños, con los recursos de mi corazón”.De los nervios y la incertidumbre, con la improvisación jugada y pocos elementos de apoyo (apenas un micrófono y “Pucho” en la consola manejando los discos larga duración y los cassettes), Doris aportó su carisma y convenció a grandes y chicos. “El resultado fue desbordante, me llamaban para cumpleaños y comuniones de niñas, la demanda me obligó a trabajar en doble turno, incluso los siete días de la semana. Buscábamos la manera de innovar, incorporando la clásica coronación de reina y sus princesas, mucho baile con temas de Los Parchís, Xuxa, Flavia Palmiero, juegos de competencia para los varones, cotillón y diversidad en los títulos de las películas”.Por espacio de dos horas, “Garabato” era parte de la alegría del día de festejo. En casas particulares y salones como El Solar (que quedaba por Pellegrini casi San Luis), el Jockey Club y el subsuelo del Hotel Guaraní, montaba su espectáculo unipersonal. “Hasta que mis fuerzas resultaron insuficientes y llegó Tamara (Stancoff, hoy odontóloga) para vestirse con el personaje de Naricita. Otros diez años nos esperaban en la agenda y fue un placer inmenso tenerla a mi lado”, dice con emoción.Los niños de antes, crecieron. La sonrisa de Doris no necesita ya de pinturas para mostrarse en todo su esplendor. El viejo auto que los trasladaba “despacito, pero siempre llegábamos”, es parte de las añejas fotografías. El tiempo pasa, pero las horas felices permanecen al relatar estas anécdotas.“Dejé la actividad porque la competencia era muy grande y los costos también. Ahora me dedico a la peluquería y soy coconductora del programa radial “Las fabulosas décadas”, que se emite los domingos de 10 a 13 por FM Efecto, 92.7”, agrega.“¿Qué me dejó Garabato? Un hermoso recuerdo. Hacer sonreír a un niño es una recompensa. No sé qué tenía, pero si alguno me miraba con recelo desde el regazo de su mamá, seguro que al final de la fiesta estaba entre mis brazos, compartiendo la película de despedida. Yo era una señora que me dedicaba a las tareas de la casa y a criar a mis hijos cuando inventé a Garabato. Quizás ahora Garabato me sigue inventando a mi”.Moni Munilla
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